INTRODUCCIÓN
AL ESTUDIO DE LA INFORMACIÓN
Y LA DOCUMENTACIÓN
ISBN: 958-665-328-8
VALOR:
Nacional $22.800
Internacional US $16.00
Introducción
El objeto de estas
páginas es analizar el marco conceptual introductorio
a la documentación-ciencia de la información;
por lo que debemos referimos al objeto y a las actuaciones
propias de este campo, y a los sistemas que organizan el tratamiento
de la información. Lo cual implica revisar los principales
planteamientos teóricos, y establecer los principios
generales de la disciplina que estudia la información.
Al hablar de documentación-ciencia de la información
nos encontramos ante un término que plantea muchas
contradicciones. Se trata de una disciplina joven, cuya
formulación sistemática como tal es reciente
y que, por consiguiente, puede considerarse todavía
en evolución y no perfilada plenamente. Ya en 1955,
ante la ambigüedad que el nombre mostraba, el American
Documentation Institute (ADI) convocó entre sus asociados
un concurso que determinase la definición más
conveniente. La solución del ADI a dicha ambigüedad
reconocería la dificultad de acertar con una descripción
definitiva, y por ello optó por una respuesta triple,
mediante cuyos aportes se tenían en cuenta los distintos
matices que debía contener la definición ideal.
Vamos a considerar dichas respuestas como punto de partida
para entender la actividad de nuestra área, destacando
su testimonio simbólico, precisamente en un momento
de desorientación causado por la grave crisis por
la que aquélla atravesaba:
- H. Dyson: "La ciencia de la presentación
y el almacenamiento ordenado de los documentos del saber,
de modo que puedan ser utilizados rápidamente y relacionados
entre sí".
- A. Seidell:"El procedimiento mediante el cual la
reserva acumulada de conocimientos puede utilizarse para
obtener otros nuevos".
- E. Browson:"Arte que facilita la utilización
de los conocimientos documentados mediante su presentación,
reproducción, publicación, difusión,
recogida, almacenamiento, análisis semántica,
organización y búsqueda".
Los tres coinciden en determinar cuál debe ser la
misión capital de la documentación: facilitar
el acceso de los usuarios a los documentos. Sin embargo,
si las funciones aparecen fijadas con seguridad, no sucede
así a la hora de determinar qué categoría
corresponde a esta disciplina. Dyson la considera una ciencia,
mientras que para Seidell es un procedimiento, y para Browson
un arte.
Ante la falta de un acuerdo, la Federación Internacional
de Documentación (FID) en 1959 trató de unificar
los conceptos, produciendo una definición que de
alguna manera ha estado vigente en casi todas las posteriores,
pero que prefiere centrarse en la ~funcionalidad y evita
la denominación concreta del campo: "es la recolección,
almacenamiento, clasificación, selección,
diseminación y utilización de toda clase de
información".
Ya se muestra aquí la relación estrecha entre
documentación e información que luego será
motivo de reflexión por nuestra parte.
Pese a la autoridad de esta definición, los continuos
avances de un sector en constante implicación con
la tecnología y la ciencia, ha hecho que las definiciones
sobre documentación-ciencia de la información
hayan surgido continuamente. Por más que tomemos
la definición de la FID como punto de partida, debemos
destacar algunos aspectos que estarán presentes a
lo largo de nuestra exposición:
La referencia a documentación-ciencia de la información
se plantea desde su autonomía como disciplina.
La actividad informativa-documental tiene como fin la utilización
de la información para alcanzar nuevos conocimientos.
De los dos aspectos anteriores, donde la relación
entre documentación e información aparece
clara, es el primero el más antiguo y común
para referirse de momento, a nuestro campo, pero es el segundo
el objeto auténtico al que esta ciencia atiende.
Además, con el fin de que se comprenda el concepto
y la naturaleza de la documentación-ciencia de la
información planteamos un camino evolutivo y de análisis
conceptual.
La sociedad de la información
Es frecuente distinguir a nuestra sociedad determinándola
como de la inforniación. Desde luego, cuando hacemos
esto pretendemos definirla por su fenómeno más
destacaba si la comparamos con otros momentos de la historia.
La complicación de los aspectos sociales subsiguiente
al gran desarrollo urbano del siglo XIX es el punto de partida
del aumento en la demanda de información. A ello
ha contribuido el propio crecimiento del número de
ciudadanos, potenciales usuarios de información,
y el desarrollo alcanzado por la sociedad contemporánea.
La complejidad social, la participación política
dada tras las revoluciones burguesas y socialistas, la innovación
tecnológica tras las revoluciones industriales y
el mayor nivel cultural y científico desde la revolución
del conocimiento, ha incrementado el uso de la información.
Y lo ha hecho hasta tal punto, que la sociedad posindustrial
se caracteriza por haber pasado de la industria productora
de objetos a la producción de servicios y a una economía
basada en el conocimiento. Dicho conocimiento se transfiere
de unas personas a otras a través de todo tipo de
medios, máquinas e intermediarios.
Además, muchas de éstas se relacionan con
la información como actividad productiva, asistiendo
a un crecimiento constante de su empleo y mercado. Esta
primordial actividad social, de transmitir y recibir información,
requiere un sector científico especializado que estudie
la naturaleza, el comportamiento, la organización
y el manejo de la información.
Los intercambios científicos, culturales, económicos
y técnicos se realizan a escala mundial; la complejidad
de estos intercambios ha generado nuevos términos
para denominar de manera pertinente los nuevos conceptos
y productos, lo cual a su vez hace necesario que se administren
los documentos que contienen aquellos términos con
un factor de riqueza clave.
La bibliografía sobre este fenómeno es abundante
en el campo documental. Sin embargo, en casi todas las contribuciones
subyacen los conceptos de "producción del conocimiento"
y de "economía de la información",
que fueron respectivamente ideados por Machlup y Porat,
y cuya aceptación fue tan grande que han terminado
formando parte del lenguaje diario.
La sociabilidad basada en la palabra ha ido aumentando
a lo largo de la historia humana. Si la información
ha alcanzado una categoría tan alta en el mundo actual
se debe a la aplicación tecnológica al lenguaje,
es decir al vehículo que traslada la información.
Gracias al concurso de la tecnología, podemos emplear
hoy la información para resolver todo tipo de problemas
y para tomar decisiones en la vida diaria. Por consiguiente,
cuanto mejor se transfiera de unas personas a otras, mayor
efectividad alcanzará su uso. La seguridad, el control
y la recuperación de la información se realiza
por intermedio de personas, y utilizando todo tipo de tecnología
y de máquinas. La actual cultura de la imagen manifiesta
el predominio de las actividades no materiales. Y no sólo
por lo que respecta al mundo científico. En especial
incide sobre el mundo económico y la productividad
laboral. Por tanto la información con apoyo tecnológico
se determina como un aspecto clave para el éxito
económico y el acceso a la cultura.
La tecnología ha intervenido de tal manera en el
mundo de la información que ha roto, por colisión,
los métodos y los sistemas de consumo y producción
documental subsiguientes a la imprenta. Si cuando ésta
apareció revolucionó profundamente el conocimiento
humano, las nuevas tecnologías de la información
nos inauguran una nueva época. La ruptura es tan
brusca que se hace difícil adecuar una denominación
para abarcar el fenómeno desde nuestra perspectiva.
El término general de cultura de la pantalla presenta
connotaciones alejadas de nuestro interés, aunque
simboliza la comunicación informática y visual,
y supera el paso dado desde la cultura de la escritura.
Tal vez sea más acorde con nuestras actividades el
nombre de ingeniería o industrias de la información,
que recoge los conceptos y productos generados por el desarrollo
tecnológico en relación con la información
(comunicación - conocimiento - inteligencia), y que
indica la robustez con que han irrumpido en la vida actual
las actividades no materiales. Sin duda este término
destaca las extraordinarias facultades del tratamiento de
la información mediante las herramientas informáticas.
Aunque no todas las aplicaciones sean referibles a la documentación.
Veamos cómo los cambios a los que asistimos son
comparables a los vividos por la humanidad cuando se organizó
el lenguaje articulado, o cuando empezó a utilizarse
la imprenta:
1. El lenguaje oral permitió la transmisión
de emociones y percepciones, y la manifestación de
la capacidad humana de abstracción. Al adquirirlo
el ser humano daba un paso decisivo, alejándose de
los demás mamíferos, y obteniendo la herramienta
imprescindible para el desarrollo técnico y cultural.
Así pues, lo semántica aparece unido desde
el principio a lo humano.
2. El mensaje registrado mediante la escritura superaba
las barreras impuestas por el espacio y el tiempo. El pensamiento,
las narraciones que fijaban las vivencias, la ciencia, las
leyes, el control fiscal, la creación literaria,
se hacían mediante el lenguaje. Al ~testimoniarse
por lo escrito adquirían valor intemporal. La escritura,
nuestra primera tecnología, supuso ya un cambio cualitativo
para la humanidad.
3. Estas manifestaciones del pensamiento abstracto se pusieron
al alcance de muchos con la imprenta. Desde entonces se
hicieron inseparables la fijación de las técnicas
profesionales, la expresión científica, la
representación de las normas lingüísticas
y la documentación, como control bibliográfico
de los impresos. Durante dos siglos, la diferenciación
de documentos permitió atender a diversos usuarios.
El conocimiento rompía los límites de minorías
sociales a las que se circunscribió en los siglos
precedentes.
Volvemos a encontramos con otra situación de ruptura
cuando la imprenta empezó a producir múltiples
copias de los libros. El humanismo llegaba de su mano, y
con 61 sucesivamente la familiaridad con la lectura de la
Biblia que favorecería su libre interpretación,
el impulso de las lenguas nacionales, la revolución
científica, la Ilustración, y, en fin, las
revoluciones liberales y la llegada de la razón al
poder social. Podemos, pues, decir que la imprenta cambió
al mundo.
4. Sin embargo ahora parece que las cosas acaecen más
deprisa, y con mayores aplicaciones en el rendimiento económico
y en el reparto mundial del trabajo. En ese entonces y ahora
hubo una relación directa entre la información,
la comunicación y la lengua.
Esta, vehículo transmisor, primero aparecía,
luego se sistematizaba y hacía perdurable; ahora,
asiste a una tremenda selección entre sus iguales
y a unas transformaciones que plantean su utilidad, y que
se derivan de su control al servicio de la ciencia, el comercio
y las técnicas, así como de los recursos informáticos
que contribuyen a su tratamiento. La lengua modernizada
se convierte así en pieza fundamental de nuestra
civilización. Y se vincula íntimamente a la
potencia económica y social de lo "inmaterial"
como una de las principales vías expresivas y de
proceso. A su vez, representa con propiedad el desarrollo
industrial de la información, pues no en vano el
lenguaje constituye el entorno de inteligencia y de decisión
en que los hombres se comunican, expresan su pensamiento
e interactúan. Las telecomunicaciones y los computadores
han eliminado las distancias. La información, con
el impacto añadido de los registros sonoros y visuales,
se ha convertido en una constante de presencia común.
Configura la opinión pública, los hábitos
de vida, las ideas y la concepción del mundo. En
esta situación, los computadores han permitido responder
al exceso de documentos e infonnación con tareas
que han contribuido a su control y organización.
A partir de la integración, hace tres décadas,
de los computadores y las telecomunicaciones asistimos a
lo que se viene llamando "revolución de la información".
La transferencia de información empieza a romper
los límites impuestos por la distancia y el tiempo.
El último de los impulsos ha sido el inicio de la
dotación por parte de Estados Unidos de una infraestructura
fundamental para la información (Internet). Mediante
ella, cualquier demanda de información se supone
que va a poder ser atendida. La sociedad mundial de la información
parece vislumbrarse a la vuelta de la esquina.
El significado de la información y su procesamiento
tecnológico se ha establecido como un recurso fundamental
en nuestra sociedad.
Incluso desde una óptica político-económica,
los países predominantes han convertido la información
en un instrumento de su poder. Son los que más información
poseen, y la más avanzada, con la que pueden mantener
su hegemonía en los mercados mundiales. Por tanto,
en un contexto en el que se posibilita la transformación
del medio y de la sociedad, en lo científico y en
lo común, la información documental se ha
configurado como una actividad con individualidad y características
científicas propias.
Recordemos cómo en la década del sesenta
aparecía una nueva categoría de científico,
el especialista en información, para actuar como
intermediario entre los productores y consumidores de información.
Desde entonces, su actividad se ha extendido a otros sectores
informativos: la cultura, la comunicación de masas,
e incluso ha alcanzado rasgos de uso en la vida diaria.
La dedicación de estas personas, sus funciones, el
objeto que manejan y transforman, su valor social, la organización
de sus sistemas de actuación, lo que producen y difunden
refleja la pujanza de actividades no materiales y la diferenciación
brutal con los anteriores modos de producción. Así,
es en este complejo universalizado de comunicación,
conocimiento e inteligencia que debemos entender la documentación.